Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
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Miercoles de la XIII Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo A Ano II
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Aparta de mí el estrépito de tus canciones, y fluya la justicia como arroyo perenne

Buscad el bien, no el mal, y viviréis,

y así el Señor, Dios del universo,

estará con vosotros, como pretendéis.

Odiad el mal y amad el bien,

instaurad el derecho en el tribunal.

Tal vez el Señor, Dios del universo,

tenga piedad del Resto de José.

«Aborrezco y rechazo vuestras fiestas —dice el Señor—,

no acepto vuestras asambleas.

Aunque me presentéis holocaustos y ofrendas,

no me complaceré en ellos,

ni miraré las ofrendas pacíficas

con novillos cebados.

Aparta de mí el estrépito de tus canciones;

no quiero escuchar la melodía de tus cítaras.

Que fluya como agua el derecho

y la justicia como arroyo perenne».

R/ Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

V/. Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti, yo, Dios, tu Dios. R/.

V/. No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. R/.

V/. Pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes. Conozco todos los pájaros del cielo, tengo á mano cuanto se agita en los campos. R/.

V/. Si tuviera hambre, no te lo diría: pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos? R/.

V/. ¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos? R/.

¿Has venido aquí a atormentar a los demonios antes de tiempo?

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos.

Desde los sepulcros dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.

Y le dijeron a gritos:

«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?».

A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Los demonios le rogaron:

«Si nos echas, mándanos a la piara».

Jesús les dijo:

«Id».

Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas.

Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados.

Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.