Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
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Martes de la XIII Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo A Ano II
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El Señor Dios ha hablado, ¿quién no profetizará?

Escuchad la palabra que el Señor ha pronunciado contra vosotros, hijos de Israel, contra toda tribu que saqué de Egipto:

«Solo a vosotros he escogido

de entre todas las tribus de la tierra.

Por eso os pediré cuentas

de todas vuestras transgresiones».

¿Acaso dos caminan juntos

sin haberse puesto de acuerdo?

¿Acaso ruge el león en la foresta

si no tiene una presa?

¿Deja el cachorro oír su voz desde el cubil

si no ha apresado nada?

¿Acaso cae el pájaro en la red,

a tierra, si no hay un lazo?

¿Salta la trampa del suelo

si no tiene una presa?

¿Se toca el cuerno en una ciudad

sin que se estremezca la gente?

¿Sucede una desgracia en una ciudad

sin que el Señor la haya causado?

Ciertamente, nada hace el Señor Dios

sin haber revelado su designio

a sus servidores los profetas.

Ha rugido el león,

¿quién no temerá?

El Señor Dios ha hablado,

¿quién no profetizará?

Os trastorné

como Dios trastornó a Sodoma y Gomorra,

y quedasteis como tizón sacado del incendio.

Pero no os convertisteis a mí —oráculo del Señor—.

Por eso, así voy a tratarte, Israel.

Sí, así voy a tratarte:

prepárate al encuentro con tu Dios.

R/ Señor, guíame con tu justicia.

V/. Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

V/. Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor. R/.

V/. Pero yo, por tu gran bondad, entraré en tu casa, me postraré ante tu templo santo con toda reverencia. R/.

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.

En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole:

«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

Él les dice:

«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados:

«¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».