Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
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Miercoles de la VIII Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo B Ano I
San Felipe Neri (Memoria Obligatoria)
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Que sepan las naciones que no hay otro Dios fuera de ti

Sálvanos, Dios del universo, infunde tu terror a todas las naciones;

para que sepan, como nosotros lo sabemos, que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos.

Reúne a todas las tribus de Jacob, y dales su heredad como antiguamente, para que sepan que no hay Dios fuera de ti.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre, de Israel, a quien nombraste tu primogénito;

ten compasión de tu ciudad santa,

de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad, y al templo, de tu gloria.

Da una prueba de tus obras antiguas, cumple las profecías por el honor de tu nombre,

recompensa a los que esperan en ti y deja bien a tus profetas, escucha la súplica de tus siervos, según la bendición de Aarón sobre tu pueblo, y reconozcan los confines del orbe que tú eres Dios eterno.

R/ Muéstranos, Señor, la luz de tu misericordia.

V/. No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. R/.

V/. Socórrenos, Dios Salvador nuestro, por el honor de tu nombre, líbranos y perdónanos nuestros pecados, a causa de tu nombre. R/.

V/. Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte. R/.

V/. Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te damos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas de generación en generación. R/.

Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado

En aquel tiempo, los discípulos estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder:

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará».

Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:

«Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».

Les preguntó:

«¿Qué queréis que haga por vosotros?».

Contestaron:

«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».

Jesús replicó:

«No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».

Contestaron:

«Podemos».

Jesús les dijo:

«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, llamándolos, les dijo:

«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».