Nada vale la circuncisión, sino la fe que actúa por el amor
Hermanos:
Para la libertad nos ha liberado Cristo.
Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud.
Mirad: yo, Pablo, os digo que, si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada.
Y vuelvo a declarar que todo aquel que se circuncida está obligado a observar toda la ley.
Los que pretendéis ser justificados en el ámbito de la ley, habéis roto con Cristo, habéis salido del ámbito de la gracia.
Pues nosotros mantenemos la esperanza de la justicia por el Espíritu y desde la fe; porque en Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor.
R/ Señor, que me alcance tu favor.
V/. Señor, que me alcance tu favor, tu salvación, según tu promesa. R/.
V/. No quites de mi boca las palabras sinceras, porque yo espero en tus mandamientos. R/.
V/. Cumpliré sin cesar tu voluntad, por siempre jamás. R/.
V/. Andaré por un camino ancho, buscando tus decretos. R/.
V/. Serán mi delicia tus mandatos, que tanto amo. R/.
V/. Levantaré mis manos hacia ti, recitando tus mandatos. R/.
Dad limosna, y lo tendréis limpio todo
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él.
Él entró y se puso a la mesa.
Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo:
«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.
¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?
Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».
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