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Domingo

13/9/2026

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

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En función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo

Hermanos:

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que

habéis sido convocados.

Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con

amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la

que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de

todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.

Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a

otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su

ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la

unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la

medida de Cristo en su plenitud.

Salió el sembrador a sembrar

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío

tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la

orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar:

-«Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del

camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso,

donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero,

en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre

zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra

buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del

ciento por uno.»

Y añadió:

-«El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el

sentido de las parábolas.

Y añadió:

-«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? EL

sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se

siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra

sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al

escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando

viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros

que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los

afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los

invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la

simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del

treinta o del sesenta o del ciento por uno.»