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Lunes

27/7/2026

Lunes de la XVII Semana del Tiempo Ordinario

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El pueblo será como ese cinturón que ya no sirve para nada

Así me dijo el Señor: Vete y cómprate un cinturón de lino, y rodéate con él la cintura; pero que no toque el agua.

Me compré el cinturón, según me lo mandó el Señor, y me lo ceñí.

Me volvió a hablar el Señor: Toma el cinturón que has comprado y llevas ceñido; levántate y ve al río Eufrates, y escóndelo allí, entre las hendiduras de las piedras.

Fui y lo escondí en el Eufrates, según me había mandado el Señor.

Pasados muchos días me dijo el Señor: Levántate, vete al río Eufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder allí.

Fui al Eufrates, cavé, y recogí el cinturón del sitio donde lo había escondido: estaba estropeado, no servía para nada.

Entonces me vino la siguiente palabra del Señor: Así dice el Señor: De este modo consumiré la soberbia de Judá, la gran soberbia de Jerusalén.

Este pueblo malvado que se niega a escuchar mis palabras, que se comporta con corazón obstinado y sigue a dioses extranjeros, para rendirles culto y adoración, será como ese cinturón que ya no sirve para nada.

Como se adhiere el cinturón a la cintura del hombre, así me adherí la casa de Judá y la casa de Israel oráculo del Señor, para que ellas fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza, mi ornamento; pero no me escucharon.

R/ Despreciaste a la Roca que te engendró.

V/. ¡Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz! Lo vio el Señor, e irritado rechazó a sus hijos e hijas. R/.

V/. Pensando: Les esconderé mi rostro y veré en qué acaban, porque son una generación depravada, unos hijos desleales. R/.

V/. Ellos me han dado celos con un dios ilusorio, me han irritado con ídolos vacíos: pues yo les daré celos con un pueblo ilusorio, los irritaré con una nación fatua. R/.

El grano de mostaza se hace un arbusto y vienen los pájaros a anidar en sus ramas

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.

Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada.

Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»