Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
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Martes de la XII Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo A Ano II
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Yo haré de escudo a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David

En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías a decirle:

«Así hablaréis a Ezequías, rey de Judá: “Que tu Dios, en el que confías, no te engañe diciendo: ‘Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria’. Tú mismo has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países entregándolos al anatema, ¿y vas a librarte tú solo?”».

Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y la leyó. Subió al templo del Señor y abrió la carta ante el Señor. Y elevó esta plegaria ante él:

«Señor, Dios de Israel, entronizado sobre los querubines:

Tú solo eres el Dios para todos los reinos de la tierra.

Tú formaste los cielos y la tierra.

¡Inclina tu oído, Señor, y escucha!

¡Abre tus ojos, Señor, y mira!

Escucha las palabras de Senaquerib enviadas

para insulto del Dios vivo.

Es verdad, Señor, los reyes asirios han exterminado las naciones,

han arrojado sus dioses al fuego y los han destruido.

Pero no eran dioses, sino hechura de mano humana,

de piedra, de madera.

Pero ahora, Señor, Dios nuestro, líbranos de sus manos

y sepan todos los reinos de la tierra

que solo tú eres Señor Dios».

Entonces Isaías, hijo de Amós, envió a Ezequías este mensaje:

«Así dice el Señor, Dios de Israel: “He escuchado tu plegaria acerca de Senaquerib, rey de Asiria”.

Esta es la palabra que el Señor pronuncia contra él:

“Te desprecia, se burla de ti la doncella, hija de Sion,

menea la cabeza a tu espalda la hija de Jerusalén.

Ha de brotar de Jerusalén un resto,

y supervivientes del monte Sion.

El celo del Señor del universo lo realizará.

Por eso, esto dice el Señor acerca del rey de Asiria:

‘No entrará en esta ciudad,

no disparará contra ella ni una flecha,

no avanzará contra ella con escudos,

ni levantará una rampa contra ella.

Regresará por el camino por donde vino

y no entrará en esta ciudad —palabra del Señor—.

Yo haré de escudo a esta ciudad para salvarla,

por mi honor y el de David, mi siervo’”».

Aquella misma noche el ángel del Señor avanzó y golpeó en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres.

Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento y regresó a Nínive, quedándose allí.

R/ Dios ha fundado su ciudad para siempre.

V/. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios. Su Monte Santo, una altura hermosa, alegría de toda la tierra. R/.

V/. El monte Sión, vértice del cielo, ciudad del gran rey. Entre sus palacios, Dios descuella como un alcázar. R/.

V/. Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo: como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra está llena de justicia. R/.

Lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo con ellos

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros.

Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas.

Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.

¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».