Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
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Lunes de la XII Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo A Ano II
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El Señor apartó a Israel de su presencia y solo quedó la tribu de Judá

En aquellos días, avanzó Salmanasar, rey de Asiria, contra todo el país, comenzando por Samaría, a la que puso sitio durante tres años, hasta que, el año noveno de Oseas, el rey de Asiria la conquistó. Deportó a Israel a Asiria y lo estableció en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, así como en las ciudades de los medos.

Esto sucedió porque los hijos de Israel habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, sustrayéndolos a la mano del faraón, rey de Egipto; porque dieron culto a otros dioses y siguieron las costumbres de aquellas naciones que el Señor había expulsado ante ellos.

Pues el Señor había advertido a Israel y a Judá, por boca de todos los profetas y videntes:

«Convertíos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y decretos, conforme a la ley que prescribí a vuestros padres y que les transmití por mano de mis siervos los profetas».

Pero no hicieron caso, manteniendo dura la cerviz como habían hecho sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios.

Despreciaron así sus leyes y la alianza que estableció con sus padres, tanto como las exigencias que les impuso.

Y se encolerizó el Señor sobremanera contra Israel, apartándolos de su presencia.

Solo quedó la tribu de Judá.

R/ Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.

V/. Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas, estabas airado, pero restáuranos. R/.

V/. Has sacudido y agrietado el país: repara sus grietas, que se desmorona. Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, dándole a beber un vino de vértigo. R/.

V/. Tú, oh Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas. Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil. Con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos. R/.

Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y

un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.

Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.»