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Lunes

22/6/2026

Lunes de la XII Semana del Tiempo Ordinario

San Paulino de Nola / Santos Juan Fisher y Tomas Moro (Memoria Obligatoria) Lecturas alternativas
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El Señor arrojó de su presencia a Israel y sólo quedó la tribu de Judá

El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaría, deportó a los israelitas a Asiria y los instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media.

Eso sucedió porque, sirviendo a otros dioses, los israelitas habían pecado contra el Señor su Dios que los había sacado de Egipto, del poder del faraón, rey de Egipto; procedieron según las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado ante ellos, y que introdujeron los reyes que ellos se habían nombrado.

El Señor había advertido a Israel y Judá por medio de los profetas y videntes: Volveos de vuestro mal camino, guardad mis mandatos y preceptos, siguiendo la Ley que di a vuestros padres, que le comuniqué por medio de mis siervos los profetas.

Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus padres, que no confiaron en el Señor su Dios.

Rechazaron sus mandatos y el pacto que había hecho el Señor con sus padres, y las advertencias que les hizo.

El Señor se irritó tanto contra Israel, que los arrojó de su presencia.

Sólo quedó la tribu de Judá.

R/ Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.

V/. Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas, estabas airado, pero restáuranos. R/.

V/. Has sacudido y agrietado el país: repara sus grietas, que se desmorona. Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, dándole a beber un vino de vértigo. R/.

V/. Tú, oh Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas. Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil. Con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos. R/.

Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y

un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.

Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.»