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Martes

17/11/2026

Martes de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario

Santa Isabel de Hungria (Memoria Obligatoria)
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Si alguien me abre, entraré y comeremos juntos

Yo, Juan, oí al Señor, que me decía: Al ángel de la Iglesia de Sardes escribe así: Esto dice el que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas.

Conozco tu conducta; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto.

Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir.

Pues no he encontrado tus obras perfectas a los ojos de mi Dios.

Acuérdate, por tanto, de cómo recibiste y oíste mi palabra: guárdala y arrepiéntete.

Porque, si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.

Ahí en Sardes tienes unos cuantos que no han manchado su ropa; ésos irán conmigo vestidos de blanco, pues se lo merecen. El que venza se vestirá todo de blanco, y no borraré su nombre del libro de la vida, pues ante mi Padre y ante sus ángeles reconoceré su nombre.

El que tiene oídos, que oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias.

Al ángel de la Iglesia de Laodicea escribe así: Habla el testigo fidedigno y veraz, el Amén, el principio de la creación: Conozco tu manera de obrar y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca.

Tú dices: Soy rico, tengo reservas y nada me falta.

Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo.

Te aconsejo que me compres oro refinado en el fuego, y así serás rico; y un vestido blanco, para ponértelo y que no se vea tu vergonzosa desnudez; y colirio para untártelo en los ojos y ver.

A los que yo amo los reprendo y los corrijo.

Sé ferviente y conviértete.

Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos.

A los vencedores los sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él.

El que tiene oídos, que oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias.

R/ A los vencedores los sentaré en mi trono, junto a mí.

V/. El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. R/.

V/. El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. R/.

V/. El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará. R/.

El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.

Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura.

Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.

El bajó en seguida, y lo recibió muy contento.

Al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.

Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.

Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.

Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.