No me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan
Las palabras de Dios son de fiar,
él es escudo para los que esperan en él.
No añadas nada a sus palabras,
te replicará y quedarás por mentiroso.
Dos cosas te he pedido,
no me las niegues antes de morir:
aleja de mí falsedad y mentira;
no me des riqueza ni pobreza,
concédeme mi ración de pan;
no sea que me sacie y reniegue de ti,
diciendo: «Quién es el Señor?»;
no sea que robe por necesidad
y ofenda el nombre de mi Dios.
R/ Lámpara, Señor, es tu palabra para mis pasos.
V/. Apártame del camino falso y dame la gracia de tu voluntad. R/.
V/. Más estimo yo los preceptos de tu boca, que miles de monedas de oro y plata. R/.
V/. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo. R/.
V/. Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra. R/.
V/. Considero tus decretos y odio el camino de la mentira. R/.
V/. Detesto y aborrezco la mentira y amo tu voluntad. R/.
Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos
En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles:
«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno.
Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos».
Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.