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Domingo

16/8/2026

XX Domingo del Tiempo Ordinario

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A los extranjeros los traeré a mi Monte Santo

Así dice el Señor:

Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar y se va a revelar mi victoria.

A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo,

para amar el nombre del Señor y ser sus servidores,

que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza:

los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración;

aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios,

porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos.

R/ Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

V/. El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros: conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R/.

V/. Que canten de alegría las naciones, porque riges la tierra con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

V/. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. R/.

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel

Hermanos:

A vosotros, gentiles, os digo:

Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos.

Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida?

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

Vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios; pero ahora, al desobedecer ellos, habéis obtenido misericordia.

Así también ellos que ahora no obedecen, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia.

Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

Mujer, qué grande es tu fe

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

— Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.

El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

— Atiéndela, que viene detrás gritando.

El les contestó:

— Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas:

— Señor, socórreme.

El le contestó:

— No está bien echar a los perros el pan de los hijos.

Pero ella repuso:

— Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

Jesús le respondió:

— Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

En aquel momento quedó curada su hija.