Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
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XX Domingo del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Domingo Ciclo A Ano II
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A los extranjeros los traeré a mi monte santo

Esto dice el Señor:

«Observad el derecho, practicad la justicia,

porque mi salvación está por llegar,

y mi justicia se va a manifestar.

A los extranjeros

que se han unido al Señor para servirlo,

para amar el nombre del Señor

y ser sus servidores,

que observan el sábado sin profanarlo

y mantienen mi alianza,

los traeré a mi monte santo,

los llenaré de júbilo en mi casa de oración;

sus holocaustos y sacrificios

serán aceptables sobre mi altar;

porque mi casa es casa de oración,

y así la llamarán todos los pueblos».

R/ Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

V/. El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros: conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R/.

V/. Que canten de alegría las naciones, porque riges la tierra con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

V/. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. R/.

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel

Hermanos:

A vosotros, gentiles, os digo: siendo como soy apóstol de los gentiles, haré honor a mi ministerio, por ver si doy celos a los de mi raza y salvo a algunos de ellos.

Pues si su rechazo es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte a la vida?

Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

En efecto, así como vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios, pero ahora habéis obtenido misericordia por la desobediencia de ellos, así también estos han desobedecido ahora con ocasión de la misericordia que se os ha otorgado a vosotros, para que también ellos alcancen ahora misericordia.

Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

Mujer, qué grande es tu fe

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:

«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:

«Señor, ayúdame».

Él le contestó:

«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos ».

Pero ella repuso:

«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:

«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.