Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
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Sabado de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo A Ano II
Santo Domingo de Guzman (Memoria Obligatoria)
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El justo por su fe vivirá

Señor, ¿no eres, desde siempre, mi Dios?

¡Oh, Santo, que no muramos!

Señor, lo pusiste para sentenciar;

¡oh, Roca!, lo estableciste para juzgar.

Tus ojos, puros para contemplar el mal,

no soportan ver la opresión.

¿Por qué, pues, ves a los traidores y callas,

cuando el malvado se traga al justo?

Tratas a los hombres como a peces del mar,

como a reptiles sin dueño.

Los atrapa a todos con su anzuelo,

los arrastra con su red;

los amontona en su barca

contento y alegre.

Por eso ofrecen sacrificios a su red

e incienso a su barca,

pues en ellos tienen su sustento,

su ración y comida abundante.

¿Seguirá vaciando su red,

asesinando pueblos sin compasión?

Aguantaré de pie en mi guardia,

me mantendré erguido en la muralla

y observaré a ver qué me responde,

cómo replica a mi demanda.

Me respondió el Señor:

«Escribe la visión y grábala

en tablillas, que se lea de corrido;

pues la visión tiene un plazo,

pero llegará a su término sin defraudar.

Si se atrasa, espera en ella,

pues llegará y no tardará.

Mira, el altanero no triunfará;

pero el justo por su fe vivirá».

R/ No abandonas, Señor, a los que te buscan.

V/. Dios está sentado por siempre en el trono que ha colocado para juzgar. El juzgará el orbe con justicia y regirá las naciones con rectitud. R/.

V/. El será refugio del oprimido, su refugio en los momentos de peligro. Confiarán en ti los que conocen tu nombre, porque no abandonas a los que te buscan. R/.

V/. Tañed en honor del Señor, que reside en Sión, narrad sus hazañas a los pueblos; él venga la sangre, él recuerda y no olvida los gritos de los humildes. R/.

Si tuvierais fe, nada os sería imposible

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas, le dijo:

«Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos y no han sido capaces de curarlo».

Jesús tomó la palabra y dijo:

«¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros, hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo».

Jesús increpó al demonio y salió; en aquel momento se curó el niño.

Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte:

«¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?».

Les contestó:

«Por vuestra poca fe. En verdad os digo que, si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a aquel monte: “Trasládate desde ahí hasta aquí”, y se trasladaría. Nada os sería imposible».