Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
Hoy

Miercoles de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo A Ano II
Dedicacion de la Basilica de Santa Maria la Mayor (Memoria Obligatoria)
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Con amor eterno te amé

En aquel tiempo —oráculo del Señor—, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo.

Esto dice el Señor:

«Encontró mi favor en el desierto

el pueblo que escapó de la espada;

Israel camina a su descanso.

El Señor se le apareció de lejos:

Con amor eterno te amé,

por eso prolongué mi misericordia para contigo.

Te construiré, serás reconstruida,

doncella capital de Israel;

volverás a llevar tus adornos,

bailarás entre corros de fiesta.

Volverás a plantar viñas

allá por los montes de Samaría;

las plantarán y vendimiarán.

“Es de día” gritarán los centinelas

arriba, en la montaña de Efraín:

“En marcha, vayamos a Sion,

donde está el Señor nuestro Dios”».

Porque esto dice el Señor:

«Gritad de alegría por Jacob,

regocijaos por la flor de los pueblos;

proclamad, alabad y decid:

¡El Señor ha salvado a su pueblo,

ha salvado al resto de Israel!».

R/ Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como pastor a su rebaño».

V/. Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

V/. Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Mujer, qué grande es tu fe

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:

«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:

«Señor, ayúdame».

Él le contestó:

«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso:

«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:

«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.