Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
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Sabado de la XII Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo A Ano II
San Cirilo de Alejandria (Memoria Obligatoria)
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Sus corazones claman al Señor sobre la muralla de la hija de Sion

Ha destruido el Señor, sin piedad,

todas las moradas de Jacob;

ha destrozado, lleno de cólera,

las fortalezas de la hija de Judá;

echó por tierra y profanó

el reino y a sus príncipes.

Se sientan silenciosos en el suelo

los ancianos de la hija de Sion;

cubren de polvo su cabeza

y se ciñen con saco;

humillan hasta el suelo su cabeza

las doncellas de Jerusalén.

Se consumen en lágrimas mis ojos,

se conmueven mis entrañas;

muy profundo es mi dolor

por la ruina de la hija de mi pueblo;

los niños y lactantes desfallecen

por las plazas de la ciudad.

Preguntan a sus madres:

«¿Dónde hay pan y vino?»,

mientras agonizan, como los heridos,

por las plazas de la ciudad,

exhalando su último aliento

en el regazo de sus madres.

¿A quién te compararé,

a quién te igualaré, hija de Jerusalén?;

¿con quién te equipararé para consolarte,

doncella, hija de Sion?;

pues es grande como el mar tu desgracia:

¿quién te podrá curar?

Tus profetas te ofrecieron

visiones falsas y vanas;

no denunciaron tu culpa

para que cambiara tu suerte,

sino que te anunciaron

oráculos falsos y seductores.

Sus corazones claman al Señor.

Muralla de la hija de Sion,

¡derrama como un torrente

tus lágrimas día y noche;

no te des tregua,

no descansen tus ojos!

Levántate, grita en la noche,

al relevo de la guardia;

derrama como agua tu corazón

en presencia del Señor;

levanta tus manos hacia él

por la vida de tus niños,

que desfallecen de hambre

por las esquinas de las calles.

R/ No olvides sin remedio la vida de tus pobres.

V/. ¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados, y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño? Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya, del monte Sión donde pusiste tu morada. R/.

V/. Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio: el enemigo ha arrasado del todo el santuario. Rugían los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus propios estandartes. R/.

V/. En la entrada superior abatieron a hachazos el entramado; después, con martillos y mazas, destrozaron todas las esculturas; prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre. R/.

V/. Piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencias. Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre. R/.

Vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:

«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».

Le contestó:

«Voy yo a curarlo».

Pero el centurión le replicó:

«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían:

«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».

Y dijo Jesús al centurión:

«Vete; que te suceda según has creído».

Y en aquel momento se puso bueno el criado.

Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle.

Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Él tomó nuestras dolencias

y cargó con nuestras enfermedades».