Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
Hoy

Martes de la XIV Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo B Ano I
Santa Maria Goretti, virgen y martir (Memoria Obligatoria)
🔍 Buscar

Te llamarás Israel, porque has luchado con Dios, y has vencido

En aquellos días, todavía de noche, se levantó Jacob, tomó a las dos mujeres, las dos criadas y los once hijos, y cruzó el vado de Yaboc. Después de tomarlos y hacerles pasar el torrente, hizo pasar cuanto poseía.

Y Jacob se quedó solo.

Un hombre luchó con él hasta la aurora. Y viendo que no podía a Jacob, le tocó la articulación del muslo y se la dejó tiesa mientras peleaba con él.

El hombre le dijo:

«Suéltame, que llega la aurora».

Jacob respondió:

«No te soltaré hasta que me bendigas».

Él le preguntó:

«¿Cómo te llamas?».

Contestó:

«Jacob».

Le replicó:

«Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido».

Jacob, a su vez, preguntó:

«Dime tu nombre».

Respondió:

«¿Por qué me preguntas mi nombre?».

Y le bendijo.

Jacob llamó aquel lugar Penuel, pues se dijo:

«He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo».

Cuando atravesaba Penuel, salía el sol y él iba cojeando del muslo. Por eso los hijos de Israel hasta hoy no comen el tendón de la articulación del muslo, porque Jacob fue herido en dicho tendón del muslo.

R/ Con mi apelación, Señor, vengo a tu presencia.

V/. Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. R/.

V/. Emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud. Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche, aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí. R/.

V/. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío, inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha. R/.

V/. Guárdame como a las niñas de tus ojos a la sombra de tus alas escóndeme. Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.

La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos

En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló.

La gente decía admirada:

«Nunca se ha visto en Israel cosa igual».

En cambio, los fariseos decían:

«Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.

Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».

Entonces dice a sus discípulos:

«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».