← bizkeliza.org Lecturas del Día

Martes

26/1/2027

Martes de la III Semana del Tiempo Ordinario

Santos Timoteo y Tito (Memoria Obligatoria) Lecturas alternativas
🔍 Buscar

Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad

Hermanos: La Ley, que presenta sólo un vislumbre de los bienes futuros y no la imagen auténtica de la realidad, siempre, con los mismos sacrificios, año tras año, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan a ofrecerlos.

Si no fuera así, habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados una vez, no tendrían ya ningún pecado sobre su ¿conciencia.

Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: —Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias.

Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, ¡oh Dios !, para hacer tu voluntad».

Primero dice: No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias, — que se ofrecen según la ley —.

Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad».

Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

R/ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

V/. Yo esperaba con ansia al Señor: él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R/.

V/. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y en cambio me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy». R/.

V/. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/.

V/. No he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad, ante la gran asamblea. R/.

La mies es abundante y los obreros pocos

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de

dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

-«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que

mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No

llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el

camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa” Y si allí hay gente de

paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece

su salario.

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo

que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el

reino de Dios.”»