Bilboko Elizbarrutia — Diócesis de Bilbao
Hoy

Martes de la III Semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario Feria Ciclo B Ano I
Santos Timoteo y Tito (Memoria Obligatoria) Lecturas alternativas
🔍 Buscar

He aquí que vengo para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad

Hermanos:

La ley, que presenta solo una sombra de los bienes futuros y no la realidad misma de las cosas, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan, pues lo hacen año tras año y ofrecen siempre los mismos sacrificios.

Si no fuera así, ¿no habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados de una vez para siempre, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia?

Pero, en realidad, con estos sacrificios se recuerdan, año tras año, los pecados. Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

Por eso, al entrar él en el mundo dice:

«Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas,

pero me formaste un cuerpo;

no aceptaste

holocaustos ni víctimas expiatorias.

Entonces yo dije: He aquí que vengo

—pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí—

para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad».

Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley.

Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».

Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

R/ Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

V/. Yo esperaba con ansia al Señor: él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R/.

V/. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y en cambio me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy». R/.

V/. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/.

V/. No he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad, ante la gran asamblea. R/.

La mies es abundante y los obreros pocos

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de

dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

-«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que

mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No

llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el

camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa” Y si allí hay gente de

paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece

su salario.

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo

que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el

reino de Dios.”»