← bizkeliza.org Lecturas del Día

Domingo

8/11/2026

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

🔍 Buscar

Encuentran la sabiduría los que la buscan

Radiante e inmarcesible es la sabiduría;

fácilmente la ven los que la aman

y la encuentran los que la buscan.

Se anticipa a darse a conocer a los que la desean.

Quien temprano la busca no se fatigará,

pues a su puerta la hallará sentada.

Pensar en ella es prudencia consumada,

y quien vela por ella, pronto se verá sin afanes.

Ella misma busca por todas partes a los que son dignos de ella;

en los caminos se les muestra benévola

y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.

R/ Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

V/. Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agotada, sin agua. R/.

V/. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R/.

V/. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

V/. En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R/.

Los que murieron en Jesús, Dios los llevará con él

Hermanos:

No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza.

Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.

Esto es lo que os decimos como palabra del Señor:

Nosotros, los que vivimos, los que quedemos cuando venga el Señor, no llevaremos ventaja a los difuntos.

Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al sonido de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar.

Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor, en el aire.

Y así estaremos siempre con el Señor.

Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

—Se parecerá el Reino de los Cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.

Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite;

en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó una voz:

—«¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!»

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.

Y las necias dijeron a las sensatas:

—«Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.»

Pero las sensatas contestaron:

—«Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.»

Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:

«Señor, señor, ábrenos.»

Pero él respondió:

«Os lo aseguro: no os conozco.»

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.