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Lunes

2/11/2026

Conmemoracion de los Fieles Difuntos

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Lo corruptible debe vestirse de inmortalidad

Hermanos:

Os voy a declarar un misterio: No todos moriremos, pero todos nos veremos transformados.

En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta; porque resonará, y los muertos despertarán incorruptibles, y nosotros nos veremos transformados.

Porque esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad. Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita:

«La muerte ha sido absorbida en la victoria.

¿Dónde está, muerte, tu victoria?

¿Dónde está, muerte, tu aguijón?»

El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley.

¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

R/ Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

V/. El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó. R/.

V/. Tenía fe, aun cuando dije: «¡Qué desgraciado soy!» Yo decía en mi apuro: «Los hombres son unos mentirosos.» R/.

V/. Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, rompiste mis cadenas. R/.

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio.

Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

—«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.»

Y, dicho esto, expiró.

Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía.

El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando las aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron:

—«¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado.»