Domingo
30/8/2026
XXII Domingo del Tiempo Ordinario
Hay en mi corazón algo así como un fuego ardiente
Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
me forzaste y me pudiste.
Soy el hazmerreír de todo el mundo:
se burlan de mí todo el día.
Cada vez que hablo tengo que gritar:
«¡Violencia y destrucción!»
La palabra del Señor me acarrea cada día afrenta y burla.
Intenté no pensar en él, no hablar más en su nombre;
pero había en mi corazón algo así como un fuego ardiente,
prendido en mis huesos:
yo me agotaba intentando apagarlo, y no podía.
R/ Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
V/. Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.
V/. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R/.
V/. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocando tu nombre. Me sacio como de enjundia y de manteca, y mis labios te alaban jubilosos. R/.
V/. Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R/.
Ofreced vuestros cuerpos como víctima viva
Hermanos:
Os ruego, por la misericordia de Dios, que os ofrezcáis vosotros mismos como víctima viva, santa, agradable a Dios: este es el culto racional que debéis ofrecer.
Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.
Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo
En aquel tiempo, comenzó Jesús a explicar a sus discípulos que él tenía que ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los senadores, de los sumos sacerdotes y de los letrados; que lo iban a matar, y que al tercer día resucitaría.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo diciéndole:
—¡No lo permita Dios, Señor! ¡Eso no puede pasarte!
Pero él se volvió y dijo a Pedro:
—¡Quítate de mi vista, Satanás! Me estás haciendo tropezar; tú no juzgas según Dios, sino según los hombres.
Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
—El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida?
¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.