Jueves
28/5/2026
Jueves de la VIII Semana del Tiempo Ordinario
Vosotros sois un sacerdocio real, una nación consagrada, para proclamar las hazañas del que nos llamó
Queridos hermanos: Como el niño recién nacido ansía la leche, ansiad vosotros la auténtica, no adulterada, para crecer con ella sanos; ya que habéis saboreado lo bueno que es el Señor.
Acercándoos a él, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
Antes erais «no pueblo» , ahora sois «Pueblo de Dios» ; antes erais «no compadecidos» , ahora sois «Compadecidos».
Queridos hermanos, como forasteros en país extraño, os recomiendo que os apartéis de los bajos deseos que os hacen la guerra.
Vuestra conducta entre los gentiles sea buena; así, mientras os calumnien como si fuerais criminales, verán con sus propios ojos que os portáis honradamente y darán gloria a Dios el día de la cuenta.
R/ Entrad en la presencia del Señor con vítores.
V/. Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. R/.
V/. Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, : R/.
V/. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.
V/. «El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades». R/.
Maestro, haz que pueda ver
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al balde del camino pidiendo limosna.
Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.
Muchos le regañaban para que se callara.
Pero él gritaba más: Hijo de David, ten compasión de mí.
Jesús se detuvo y dijo: Llamadlo.
Llamaron al ciego, diciéndole: Animo, levántate, que te llama.
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo: ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: Maestro, que pueda ver.
Jesús le dijo: Anda, tu fe te ha curado.
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.