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Miercoles

29/4/2026

Santa Catalina de Siena, virgen y doctora, patrona de Europa

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La sangre de Jesús nos limpia los pecados

Queridos hermanos:

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados.

Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. É1 es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

R/ Bendice, alma mía, al Señor.

V/. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R/.

V/. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R/.

V/. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo. R/.

V/. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles; porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro. R/.

V/. Pero la misericordia del Señor dura siempre, su justicia pasa de hijos a nietos, para los que guardan la alianza. R/.

Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla

En aquel tiempo, exclamó Jesús:

-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a

los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha

parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que

el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera

revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con

mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis

vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»