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Miercoles

1/4/2026

Miercoles Santo

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El Señor me ha ungido y me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren y derramar sobre ellos perfume de fiesta

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.

Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren,

para vendar los corazones desgarrados,

para proclamar la amnistía a los cautivos,

y a los prisioneros la libertad,

para proclamar el año de gracia del Señor,

el día del desquite de nuestro Dios,

para consolar a los afligidos,

los afligidos de Sión;

para cambiar su ceniza en corona,

su traje de luto en perfume de fiesta,

su abatimiento en cánticos.

Vosotros os llamaréis «Sacerdotes del Señor», dirán de vosotros: «Ministros de nuestro Dios.»

Les daré su salario fielmente y haré con ellos un pacto perpetuo.

Su estirpe será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos.

Los que los vean reconocerán

que son la estirpe que bendijo el Señor.

R/ Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor.

V/. Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

V/. La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión, y no la hay; consoladores, y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre. R/.

V/. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. R/.

El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay del que va a entregarlo!

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido.

Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista;

para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.»

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

— «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»